Escribí la fábula Las alas del castor para una representación en Teatro Guiñol hace algunos años, siéntanse libres de usarla, sólo refieran el blog. A ver qué les parece:
LAS ALAS DEL CASTOR
Escribí la fábula Las alas del castor para una representación en Teatro Guiñol hace algunos años, siéntanse libres de usarla, sólo refieran el blog. A ver qué les parece:
LAS ALAS DEL CASTOR
Estaba
Pedro Castor
royendo un trozo
de madera que Mamá
Castor le había preparado
para el recreo. Era su tercer
día en el primer año de la
secundaria del
bosque.
Pedro
Castor
tenía
un
amigo
llamado
Juanito Mofeta,
amigos
desde la primaria.
Afortunadamente los dos
se habían inscrito en
la misma
secundaria. Les gustaba mucho jugar
fútbol, y se reunían
todos los días a la
hora del recreo. Los dos amigos tenían en
común el gusto por los aviones. No perdían
oportunidad de observar al cielo cuando pasaba volando un avión; platicaban
mucho sobre ellos y
jugaban a ser pilotos.
Ese
día, Pedro
Castor estaba solo
en el recreo, se sentía
preocupado pues no
había
visto durante la
clase a Juanito
Mofeta -apenas el
segundo día de
clases y no era
posible que hubiera faltado-.
Aunque recordó que durante la primaria,
Juanito Mofeta no asistió
en varias
ocasiones la escuela, además
no le gustaba mucho hacer
las tareas y no atendía
las indicaciones de
sus maestros;
en cambio
Pedro
Castor
Disfrutaba Mucho
estudiar, ponía
mucho esfuerzo
en cumplir con sus
tareas y asistir sin
falta a su escuela,
pero también le
gustaba divertirse
jugando fútbol
y pasar el tiempo
con sus amigos
durante el recreo.
Pasó
Otro día
en la escuela
del bosque y Pedro
Castor vio con alivio
que su amigo sí
asistió
a la escuela; en el
recreo ofreció
pasarle los apuntes del día anterior,
pero Juanito Mofeta
no aceptó, le dijo que
siempre los primeros
días en la escuela eran
muy aburridos y que no decían nada interesante.
Además, lo único que quería era terminar
rápido la
secundaria y así poder
llegar a ser piloto de aviones.
Pasaron
Varios días
y casi a medio
año escolar, el
maestro
Búho dijo a los
alumnos que
harían una visita al
aeropuerto del
bosque, y que sólo uno
de ellos tendría
la posibilidad de
subir a un avión y uno de
los expertos pilotos,
le explicaría el funcionamiento.
Pero solo podría
hacerlo aquel con las mejores calificaciones.
Al
recibir
la noticia,
los amigos Pedro
Castor y Juanito
Mofeta
gritaron de emoción,
ya se
imaginaban subiéndose
a un avión
y conocer a un piloto de verdad, -será
muy grande, pequeño, volará muy alto-
se preguntaban. Pero
de repente, cual balde
de agua helada, Juanito Mofeta recordó que tan
solo faltaban dos
días para los exámenes, cómo podría
obtener buenas
calificaciones estudiando solamente dos días,
-pensó que eso no era justo-, que debían darle
más tiempo
para poder estudiar lo suficiente. Sin más,
Juanito Mofeta
empezó a estudiar inmediatamente, estudió a la
hora del
recreo, durante toda la noche, estudió como
nunca lo
había hecho antes;
cien años de historia, desde
los número naturales hasta la raíz cuadrada,
desde la célula hasta las partes del cuerpo,
desde la comunicación oral hasta la
gramática. En tan sólo dos días
estudió medio año de
secundaria.
Por
otra parte,
Pedro Castor
como siempre cumplía
con sus tareas y
estudiaba regularmente
no tuvo que pasar la
noche estudiando,
solo dio un repaso
ligero a las materias y listo.
Se
Llegó
el día de
los exámenes,
Juanito Mofeta aunque
cansado y con sueño,
se
sentía muy seguro,
sabía
todo lo que necesitaba saber y
¡cómo no! si acababa
de leerlo,
cómo podría olvidarlo.
Entraron
todos al salón, los
nervios los inundaban,
seguramente algunos repasaron sus tareas y
otros no. Consumido
el tiempo, el maestro Búho les
indicó que entregaran
los exámenes y que esperaran
su calificación para el día siguiente.
Una
Noche muy larga
la que pasóJuanito Mofeta,
no dormía de tan sólo pensar
no dormía de tan sólo pensar
en obtener un diez y así
poder subir a
un avión.
poder subir a
un avión.
Al
otro día
el maestro Búho
entregó los exámenes
y
dijo que gracias al esfuerzo
y
dedicación en la escuela sólo uno
de los alumnos tendría la posibilidad
de subir a un avión,
y ese sería Pedro Castor.
Cuando
Escuchó
la noticia,
Pedro Castor brincó
de emoción, corría y
corría
dando vueltas
alrededor de los árboles,
extendiendo sus
pequeños brazos como
si tuviera alas y
pudiera volar como los aviones.
Así, se fue corriendo
a su casa, casi volando, a dar la buena
noticia a su Mamá
Castor.
Llegado el día, todos
los alumnos de la escuela del bosque
se encontraban en el
aeropuerto del bosque, asombrados
de los aviones que
veían, unos muy grandes, otros
más pequeños, tenían
alas gigantes y al despegar
se escuchaba un
estruendo ensordecedor.
De repente el maestro
Búho anunció que
ya era hora de que
Pedro Castor subiera
a un avión, él se
apresuró hacia las
escaleras del avión, sin
embargo,
se detuvo súbitamente
cuando se
acordó de su amigo Juanito
Mofeta,
pensó que tal vez estaría muy triste, sin
más, regresó donde
estaban sus compañeros y
se acercó a su amigo
para decirle que mejor él
debería subir al
avión, Juanito Mofeta aunque un poco
triste le agradeció y
dijo que no, él se lo había ganado y
era lo justo. Tal vez
el próximo año siendo más responsable
con las tareas de la
escuela el podría también subir a un avión.
Entonces Pedro Castor
con una sonrisa, se dio vuelta, extendió
sus brazos y corrió
como volando hacia el avión.
¿Cuál es la moraleja niñ@s?
Puedes escribir tu moraleja en los comentarios.
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Fredi Lozada Cordoba - Febrero 2014