sábado, 15 de febrero de 2014

Fábula


Escribí la fábula Las alas del castor para una representación en Teatro Guiñol hace algunos años, siéntanse libres de usarla, sólo refieran el blog. A ver qué les parece:

LAS ALAS DEL CASTOR



Estaba
Pedro Castor
royendo un trozo
 de madera que Mamá
 Castor le había preparado
 para el recreo. Era su tercer
 día en el primer año de la
secundaria del bosque.

Pedro
Castor
tenía
un
amigo
llamado
Juanito Mofeta,
 eran
amigos
desde la primaria.
Afortunadamente  los dos
se habían inscrito en la misma
 secundaria. Les gustaba mucho jugar
fútbol, y se reunían todos los días  a la
 hora del recreo. Los dos amigos tenían en
 común el gusto por los aviones. No perdían oportunidad de observar al cielo cuando pasaba volando un avión; platicaban mucho sobre ellos y
jugaban a           ser pilotos.

Ese
día, Pedro
Castor estaba solo
 en el recreo, se sentía
preocupado pues no había
visto durante la clase a Juanito
Mofeta -apenas el segundo día de
clases y no era posible que hubiera faltado-.
 Aunque recordó que durante la primaria,
Juanito Mofeta no asistió en varias
ocasiones  la escuela, además
no le gustaba mucho hacer
 las tareas y no atendía
 las indicaciones de
sus maestros;
 en cambio
Pedro
 Castor
Disfrutaba Mucho
estudiar, ponía
mucho esfuerzo
 en cumplir con sus
tareas y asistir sin
falta a su escuela,
pero también le
gustaba divertirse
 jugando fútbol
y pasar el tiempo
con sus amigos
 durante el recreo.

Pasó
Otro día
en la escuela
del bosque y Pedro
Castor vio con alivio
que su amigo sí asistió
a la escuela; en el recreo ofreció
pasarle los  apuntes del día anterior,
pero Juanito Mofeta no aceptó, le dijo que
siempre los primeros días en la escuela eran
 muy aburridos y que no decían nada interesante.
 Además, lo único que quería era terminar rápido la
secundaria y así poder llegar a ser piloto de aviones.

Pasaron
Varios días
y casi a medio
año escolar, el maestro
Búho dijo a los alumnos que
harían una visita al aeropuerto del
bosque, y que sólo uno de ellos tendría
la posibilidad de subir a un avión y uno de
los expertos pilotos, le explicaría el funcionamiento.
Pero solo podría hacerlo aquel con las mejores calificaciones.

Al
recibir
la noticia,
los amigos Pedro
Castor y Juanito Mofeta
gritaron de emoción, ya se
imaginaban subiéndose a un avión
 y conocer a un piloto de verdad, -será
 muy grande, pequeño, volará muy alto-
se preguntaban. Pero de repente, cual balde
 de agua helada, Juanito Mofeta recordó que tan
solo faltaban dos días para los exámenes, cómo podría
obtener buenas calificaciones estudiando solamente dos días,
 -pensó que eso no era justo-, que debían darle más tiempo
 para poder estudiar lo suficiente. Sin más, Juanito Mofeta
 empezó a estudiar inmediatamente, estudió a la hora del
 recreo, durante toda la noche, estudió como nunca lo
había hecho antes; cien años de historia, desde
 los número naturales hasta la raíz cuadrada,
 desde la célula hasta las partes del cuerpo,
 desde la comunicación oral hasta la
 gramática. En tan sólo dos días
 estudió medio año de
secundaria.
 Por
 otra parte,
 Pedro Castor
como siempre cumplía
con sus tareas y estudiaba regularmente
no tuvo que pasar la noche estudiando,
solo dio un repaso ligero a las materias y listo.


Se
Llegó
el día de
los exámenes,
Juanito Mofeta aunque
cansado y con sueño, se
sentía muy seguro, sabía
 todo lo que necesitaba saber y
¡cómo no! si acababa de leerlo,
cómo podría olvidarlo. Entraron
todos al salón, los nervios los inundaban,
 seguramente algunos repasaron sus tareas y
otros no. Consumido el tiempo, el maestro Búho les
indicó que entregaran los exámenes y que esperaran
 su calificación para  el día siguiente.

Una
Noche muy larga
la que pasóJuanito Mofeta,
no dormía de tan sólo pensar
 en obtener un diez y así
poder subir a
un avión.

Al
otro día
el maestro Búho
entregó los exámenes y
dijo que gracias al esfuerzo y
 dedicación en la escuela sólo uno
 de los alumnos tendría la posibilidad
de subir a un avión, y ese sería Pedro Castor.

Cuando
Escuchó
la noticia,
 Pedro Castor brincó
de emoción, corría y corría
dando vueltas alrededor de los árboles,
extendiendo sus pequeños brazos como
si tuviera alas y pudiera volar como los aviones.
Así, se fue corriendo a su casa, casi volando, a dar la buena
noticia a su Mamá Castor.

Llegado el día, todos los alumnos de la escuela del bosque
se encontraban en el aeropuerto del bosque, asombrados
de los aviones que veían, unos muy grandes, otros
más pequeños, tenían alas gigantes y al despegar
se escuchaba un estruendo ensordecedor.
De repente el maestro Búho anunció que
ya era hora de que Pedro Castor subiera
a un avión, él se apresuró hacia las
escaleras del avión, sin embargo,
se detuvo súbitamente cuando se
acordó de su amigo Juanito Mofeta,
 pensó que tal vez estaría muy triste, sin
más, regresó donde estaban sus compañeros y
se acercó a su amigo para decirle que mejor él
debería subir al avión, Juanito Mofeta aunque un poco
triste le agradeció y dijo que no, él se lo había ganado y
era lo justo. Tal vez el próximo año siendo más responsable
con las tareas de la escuela el podría también subir a un avión.
Entonces Pedro Castor con una sonrisa, se dio vuelta, extendió
sus brazos y corrió como volando hacia el avión.

¿Cuál es la moraleja niñ@s? 
Puedes escribir tu moraleja en los comentarios. 


Fredi Lozada Cordoba - Febrero 2014